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¡No te vayas a cansar!

Hoy esta entrada del blog no la escribe #Mamá, hoy este espacio lo estoy aprovechando yo #Papá para sacar un poco del coraje y la impotencia del fin de semana pasado cuando me llegó un flashazo de la tan pregonada “equidad de género”.

He tomado cursos sobre el tema y no propiamente porque haya querido, sino que eran parte obligatoria cuando trabajaba en el Gobierno Federal, el día sábado me di cuenta de cuán importante pueden ser pues al no verte involucrado en algo sobre el tema, das por hecho que no lo requieres.

Me considero una persona no conflictiva y que no busca generar conflictos en mi entorno ni con la sociedad, pero creo que también, así como todos, a nadie le gusta dejarse pisotear ni “mangonear” por los otros.

Gracias a estos cursos aprendí y reforcé muchas cosas para mi persona y para mi actuar ante la sociedad, como les decía, tampoco me considero una persona falta de ética y valores gracias a la educación que tuve desde casa, #Mamá lo puede ratificar, pero este fin de semana no supe qué pensar, no supe cómo actuar, no supe qué decir… simplemente me quedé trabado del coraje cargando a mi niña sin poder hacer nada.

Todo empezó el sábado por la mañana, #Mamá y yo decidimos ir al centro en la Ciudad de México por dos motivos, el principal porque ya teníamos hambre y habíamos dejado a un lado esa bonita costumbre de salir los fines de semana a desayunar a otro lado que no fuera la barra de la cocina de la casa y obviamente a distraernos un poco, el segundo motivo fue porque en su cumpleaños, bebé recibió un regalito que le quedó unas tallas más grandes y fuimos a cambiarlo para su comodidad.

Total que salimos “temprano” y anduvimos caminando por el centro, intentamos entrar a la #FeriaDeLasCulturasAmigas que está en el Zócalo y no pudimos, llevamos como cinco años queriendo conseguir un pastel en el stand de Suiza y no hemos podido por la cantidad de gente o tal vez por la logística tan mala que tienen, no existe un “corredor” con una entrada y una salida para que todos puedan apreciar cada stand.

Posteriormente caminamos por todo el corredor de la calle Madero y entramos a la tienda en donde habían comprado la ropita, buscamos, vimos, probamos y más cosas que se hacen cuando se compra la ropa más adecuada para bebé, hasta que llegamos a la sección de los pantalones, le compramos dos pantalones más grandes que su edad representa (porque mi hija está creciendo creo que sin control… aunque el pediatra diga que va bien jajaja), nos fuimos a las cajas para hacer el respectivo cambio de prendas y pagar la diferencia de un peso, pues nos pasamos del límite.

Salimos muy contentos de la tienda con el cambio y nos fuimos a nuestro restaurante favorito que está sobre la calle 5 de mayo, seguramente algunos lo conocen, se llama “La Pagoda” que por cierto se come muy rico, te atienden rápido, buen sazón, buen menú (súper recomendadas las enchiladas suizas rojas y la tampiqueña) y a un excelente precio, pero la sorpresa fue que había demasiada gente en la lista de espera y el hambre más el cambio de pañal no podía esperar tanto, por lo que optamos por el plan “B” (que en ese momento no lo teníamos) y terminamos en Sanborns Los Azulejos y pues no, la naranjada sabía a naranja pasada, la comida sin sazón, la atención mala pero al final terminamos de comer ahí y nos fuimos.

Yo vivía en el centro, mi papá sigue viviendo ahí, entonces decidimos en el camino que #Bebé tenía que ir a ver a su #Abuelo, por lo que agarramos camino hacia la casa, íbamos caminando mi familia y yo, platicando de la comida, de la ropa, de la Feria de las Culturas y cosillas más que iban saliendo.

Llegamos a la casa del #Abuelo y nos quedamos ahí, subimos a la azotea a ver pasar la vida, el tránsito, la gente, le dimos de comer a las coquitas (esas aves de plumaje gris que andan por toda la ciudad) que aterrizan en la azotea y #Bebé como ya empieza con sus pasitos decidió aventurarse a conocer todo el lugar gateando a rodilla pelona y caminando descalza. Pasamos por las plantas, por los cactus, por las sábilas, por la grava y arena que hay de unas reparaciones que se hicieron, hasta que llegamos a hacer una escala en los lavaderos para lavarle las manos que estaban negras de tierra, regresaba por un trago de jugo y seguía en su exploración urbana de la azotea.

Así pasamos un buen rato hasta que llegó la hora de regresar a casa, nos empezamos a preparar, a arreglar la mochila-pañalera y a acomodarme el fular, el trato había sido ese, que ahora yo iba a cargar a bebé de regreso, nos despedimos y caminamos hacia el metro, entramos a la estación y aquí es donde empieza el tema en cuestión.

No éramos los únicos que esperábamos la llegada del convoy para poder abordar, a un lado de nosotros estaba una pareja, en cuanto vimos a lo lejos que se acercaba el tren obviamente todos nos empezamos a acomodar para poder abordar, pero ¿qué fue lo que pasó? que estos dos personajes se aventaron y por ende nos aventaron cuando la puerta había quedado justo frente a nosotros.

Ellos entraron corriendo para ganar el único asiento que de ese lado del convoy venía vacío", cabe hacer mención que era un lugar individual y que no tenía letrero de reservado para discapacitados, personas mayores, mujeres embarazadas y mujeres con bebés en brazos.


El individuo se sentó y sobre sus piernas se sentó la chica que iba con él, todo ese acto de segundos me “incomodó”, no por el hecho de que se hayan sentado, sino por lo alevoso e irresponsable de su actuar.

Retomamos la parte de la equidad de género, hay veces que a las mujeres no le dan el asiento porque no son mayores, porque no traen bebé o por cualquier pretexto que te saques de la manga, platicaba con mi esposa sobre el tema y coincidimos en muchos puntos, los cuales les diré más adelante para no perder el hilo de la historia.

Saqué mi teléfono para tomarme una selfie con mi bebé pero la idea principal era tomar una foto de estas personas para hacer un comentario en Facebook cuando se me acercó otra chica y me preguntó que si me faltaba mucho para bajar, la verdad me sorprendió que me lo preguntara porque llegó muy decidida a hacerlo y mientras yo le respondía que bajaba en cinco estaciones, mi mente empezó a maquilar qué era lo que quería hacer y sí, le atiné, se dirigió con esta pareja y les dijo: “oye, trae un bebé, ¿le puedes ceder el asiento por favor?”,  alcancé a escuchar que el individuo le dijo un par de groserías y cosas que no venían al caso y que no voy escribir que obviamente me molestaron mucho, independientemente de que haya sido mujer u hombre considero que no son formas, afortunadamente la chica no hizo caso y ella actuó como lo dictó su educación.

Obviamente a esta chica le di las gracias y cuando estaba por sentarme escuché un mensaje dirigido a mó: "¡uy carnal, no te vayas a cansar eh!".

Como les decía, suelo ser a veces muy tolerante, pero esta vez sentí como me hirvió la sangre, me dio mucho coraje y sí, quería regresar y decirle sus cosas, seguro todo hubiera acabado mal, pero me di cuenta cómo la misma vida te cambia, antes hubiera actuado de una manera más impulsiva, pero ahora con una bebé en mis brazos y “expuesta” a que le pase algo, hizo que me guardara todo el coraje y solo me senté, claro, alerta de todo lo que este individuo no paraba de decir hacia la chica que "lo paró de su asiento".

Pasaron las estaciones y nos tocaba bajar, apenas nos fuimos acercando al destino y #Mamá empezó a acomodarse para el descenso y yo al levantarme del asiento para bajar, una vez más vuelvo a escucharlo: “córrele, siéntate antes de que (omitiré lo vulgar de su léxico) nos vuelva a decir algo", la sensación de coraje me la tuve que aguantar una vez más, pero no dejaba de sentir todas esas “agresiones” hacia mi familia, hacia mí y más me daba coraje pensar que también eran para mi bebé.

Platicamos sobre el tema #Mamá y yo y coincidimos en lo mismo, desafortunadamente nuestra sociedad aún no está preparada para muchas cosas, para cambios sustanciales en su comportamiento, en su convivencia social, el hecho de que a nosotros hombres y/o papás con bebés no nos cedan el lugar no es por que piensen que no nos cansamos, hay que pensar las cosas un poco a futuro, dos o tres pasos adelante de cualquier situación. Tal vez nos cansamos también de traer cargad@s a nuestr@s hij@s, tal vez no, pero no nos hemos puesto a pensar que el metro en su mayoría de veces viene lleno y un enfrenón puede provocar un accidente, no es tan fácil agarrarse de los tubos y esquivar gente cuando traes un bebé que no quieres que aplasten, que lo pisen, que lo empujen, simplemente que le pase algo.

La falta de civilidad y de sentido común se vio reflejada en este “tipo” junto con lo corto de su mente y de la vaga educación que tiene, ese día fuimos mi familia y yo “víctimas” de la equidad de género en donde no le ceden el asiento a las mamás con bebés en brazos, sino que tampoco se lo ceden a los papás que llevamos a nuestr@s hij@s en brazos.

#Mamá y yo concluimos lo siguiente:

  • Los asientos reservados deben ser respetados, todos podemos sentarnos ahí pero consideramos que al sentarte tienes la responsabilidad de venir observando a tu alrededor si alguien lo necesita, no dormirte o hacerte el que no sabe ni qué pasa en el mundo. ¿Sabías que por vagón nada más hay dispuestos cuatro asientos reservados? Y que el mismo Sistema de Transporte Metro te da la autorización de solicitar a la persona que esté sentada en uno de ellos que te dé el lugar, citamos: "En caso de estar ocupados, los usuarios tienen derecho a solicitar el asiento que está identificado con una placa que contempla el símbolo de discapacidad", agregamos además que no nada más en este caso, ya sea que estés embarazada o que papá o mamá vengan cargando a un niño. Puedes checar esto en la página oficial.
  • El asiento reservado o la preferencia para que las personas hagan uso de este lugar NO ES PORQUE VIENEN CANSADAS o SE VAYAN A CANSAR, va más allá de esa mentalidad, es por SEGURIDAD, creo que tod@s sabemos lo difícil que puede ser viajar en cualquier sistema de transporte público, los accidentes existen y todos estamos expuestos, ceder el asiento no significa que los demás prefieren que te pase algo a ti que a la mujer embarazada, resulta que es más fácil que tú puedas maniobrar y tratar de mantener el equilibrio o incluso sostenerte, que una persona con bastón o muletas, pensemos un poco más.
  • Si bien la señalización tiene a una mujer con bebé en brazos, el caso puede ser un hombre y también tiene el derecho a poder sentarse y no porque sea hombre aguanta más o puede ir todo el trayecto parado, así sean cinco o toda la línea de metro, se ha hablado mucho de igualdad y aquí un claro ejemplo.
  • Nosotros pudimos ir sin problema parados, nos cedieron de mala gana el lugar, pero traíamos a monstruita en fular, lo que hace más sencillas y prácticas las cosas y el movimiento a manos libres, pero eso no quiere decir que no somos acreedores a un lugar y pensemos que hay mamás y papás que traen literal en brazos a sus bebés, no tienen o no les gusta el fular o mochila ergonómica, un accidente seguro si van parad@s y si el metro va a su máxima capacidad los bebés y niños suelen ser aplastados.
  • Nadie está obligado a ceder su asiento, pero cuando lo haces demuestras educación y empatía con el otro.

Nos faltan muchos valores y educación antes estas simples situaciones, si nos pusiéramos un poco en el lugar del otro las cosas podrían ser mejores.