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¡Las vacunas!

Llegó un punto en que, durante el embarazo, me harté que me dijeran “ah eso que tienes, o eso que sientes o lo que te pasa es normal”, cabe hacer mención, que como muchas mamás primerizas, todo me pasó, todo sentía y la pase muy mal, afortunadas aquellas que vivieron un embarazo en plenitud sin ningún síntoma y sin grandes-extremos cambios.

Ahora, que mi bebé ya cumplió dos meses, volvemos a empezar con la misma frase “ah es normal”, antes pretendías comprender y tratar de llevar las cosas con calma, pero eso cambia cuando ya no eres tú la que se siente mal, hoy te das cuenta que ese “es normal” para ti puede ser la Tercera Guerra Mundial, tu mundo, sin duda, se cae a pedazos porque de entrada no sabes qué hacer y tu bebé ¡no habla!

Hago referencia a esto, porque justo hace unos días llevé a vacunar a mi bebé. Vamos a partir en que yo sufrí más, tres inyecciones, dos en su pierna derecha y una en la izquierda, la única que no padecí fue la que le dieron tomada, ella lloró, claro, cómo no lo iba a hacer con semejantes agujas, pero se calmó pronto, yo, en cambio, estaba que moría por dentro. La enfermera me comentó que probablemente le daría temperatura, que si pasaba de 37.5, tendría que llamar al pediatra para que me dijera qué hacer.



En el transcurso del día, todo iba bien, eso sí, no le quité los ojos de encima, había una angustia, sí, esa angustia de madre primeriza. En la tarde-noche al cambiarle el pañal la sentí sumamente caliente, tomé el termómetro y éste marcó 37.7, entré en pánico, ella empezó a llorar, le di de comer para tranquilizarla un poco –yo estaba sola– y me diera oportunidad de llamarle al pediatra.

Por fin logré comunicarme con el doctor, yo estaba con un nudo en la garganta, es más, si mi desesperación hubiera sido mayor, habría estado en la puerta del hospital. El doctor me indicó cuántas gotas de “x” medicamento tenía que darle y que con eso bajaría. Abrir el frasco a prueba de niños, se convirtió en el frasco a prueba de mamás desesperadas e intensas, sin saber qué hacer y con ganas de llorar porque además mi esposo no llegaba, el frasco no se abría y entonces lloré, porque mi bebé empezó a llorar.

Tuve que acudir a mi hermano para que viniera rápidamente a mi casa a abrir un frasco de medicina, volví a tomar la temperatura, 37.9, pánico total, le di las gotas, le quité los calcetines, la ropa y la dejé en pañal y con una sábana. Ella estaba tranquila, pero yo no, me sentía agobiada, pensaba múltiples situaciones. La temperatura cedió al cabo de unos cuantos ETERNOS minutos.

Entonces, mamás primerizas, tranquilas que todo es normal. ¡Ok, no! Es la frase que al menos a mí no me gusta, supongo que cuando ya tienes experiencia con dos o tres hijos ya te sabes de memoria todo lo que va a pasar, pero cuando apenas estás entrando al mundo complejo de ser mamá, nada entiendes, nada es bueno, nada es normal, nada que no te diga el doctor será real y nada que no sea parte de tu instinto querrás hacer.

No puedo decir que tengan calma, que las cosas pasarán, que piensen rápido y tranquilas, porque no es así, nunca lo veremos de esa manera, debemos empezar a aprender y manejarlo poco a poco, no pretendamos que de un día para otro seremos expertas en el tema, me queda claro que día a día aprendemos algo nuevo.

Seguramente recuerdan esa frase dicha por muchas mamás y papás, “preferiría que me pasara a mí y no a él/ella”, sí, hoy lo confirmo.